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Hoy, respecto a lo escrito anteriormente os ruego que no permanezcáis impasibles.

Hay un anuncio por televisión donde aparece una niña triste, escuchando llorar a su madre tras la puerta. El anuncio dice "tú puedes mirar hacia otro lado, ella no". Solo al escribir y leer estas palabras se despierta el llanto interior. Obviamente, se refiere a los abusos físicos a los que la madre de la niña está siendo sometida.

Su causante no puede ser perdonado y quedar impune.

 

Hay otro tipo de maltrato, el estrictamente psicológico. El hombre se presenta como superior a su mujer y ella, al cometer el más mínimo fallo, según el, es insultada una y otra vez. Hay casos de mujeres cuya personalidad es tan dulce e insegura, que acaban creyendo todo cuanto se les dice. Se las denigra, y se anula su voluntad, mediante insultos, gritos y amenazas que no hieren el cuerpo, pero sí la mente y el alma. El llanto de cada día ya no alivia, porque la persona cree que merece ese trato, ya que se considera inútil. Pero no hay golpes, no puede existir denuncia. Sobre todo si al día siguiente, el comportamiento de él cambia y arrepentido le dice lo guapa que es. Y a otro día, vuelta a empezar. Su único consuelo es el que le brindan sus hijos, las víctimas silenciosas. Las que observan el sufrimiento sin poder hacer nada más que abrazar a su madre y decirle lo fabulosa que es. Y algunos gritos, van dirigidos a ellos o ellas y por su niñez, no saben distinguir si son meras palabras o si realmente algún día se cumplirán sus amenazas. Y crecen de dos formas: sumidos por el pánico y huyendo mediante su imaginación de la realidad que están viviendo o los hijos o hijas más duras, se marchan y huyen de ese ambiente por liberarse. Aunque, a veces, vuelven albergando ira dentro de su corazón que les hace repetir la historia que vivieron. Y otras, surge la bondad y empatía de su alma y vuelven a ser las personas heroicas que defendían y apoyaban, que ahora defienden y apoyan a los demás. Otras, una mezcla de ambas. Y las que se quedan, al durar más tiempo y ser más sensibles pueden  desarrollar traumas psicológicos graves que pueden arruinar su futuro, unas o unos terminan hundiéndose y otros u otras,intentan ayudar a los demás por empatía aunque las secuelas continúen ocultas dentro de sí mismos o mismas. Pero, hasta ahí hay una salida. Cuando el padre no es invadido por su ira, puede llevar a cabo acciones bondadosas que son, las que compensan las anteriores y hacen sentir agradecimiento, por lo que se continúa debajo de un mismo techo.

Hay dos finales a este tipo de historias.

1. Pasado el tiempo, él percibe por la madurez de la edad, lo que ha pasado, se arrepiente y cambia. Y es entonces cuando su mujer y su hijo o hija lo perdonan y tratan de olvidar todo lo negativo y recordar lo positivo. Pero aún así, los que ahora son ya unos jóvenes y han vivido tal infancia, a ratos dichosa, a ratos atemorizada, quedan marcados o marcadas por secuelas psicológicas que a veces no desaparecen jamás, y dificultan su vida. Pero al menos no todo ha sido negativo.

2. La situación va empeorando y se pasa al maltrato físico que lleva a más profundas secuelas, que permanecen aunque se salga de ello. O jamás se logra salir y llega la total destrucción, y a veces, hacia el final de la vida. Por eso, hay necesidad de que sean apoyadas, de forma que no lleguen a la trágica salida final, antes mencionada.

Hay un abismo entre ambas situaciones. La segunda, es más compleja y necesita de más ayuda. La primera es polémica, ya que jamás se sabe si ha llegado a existir un maltrato auténtico. De ser el caso negativo, no merece reflexión. De ser positivo, el perdonar a esa persona arrepentida dice mucho de la pureza de su alma y del fondo del arrepentido.

Esto último inicia un debate, puede que hasta incluso conozcáis algún caso por vuestra vecindad, o por vuestra familia menos directa. Sería adecuado abrir un foro de opiniones a ese respecto, y aclararlo.

 

Todo esto es de un curso de psicología al que asistí, ya que lo exigen al profesorado, a los que pretendemos ejercer la docencia o ya lo hemos hecho. Exponía cuatro modelos de familias, las normales, las sobreprotectoras, las maltratadoras y las indiferentes.

Normales: se sabe

Sobreprotectoras: Los padres y madres colman de atenciones a sus hijos e hijas y no les dejan hacer nada por sí mismos por temor a que se lastimen. El resultado es una pérdida de la autoconfianza inconsciente, y por tanto, son felices aunque dependientes, porque no han aprendido a desenvolverse por sí mismos.

Indiferentes: El matrimonio va cada uno por su lado y los hijos e hijas son ignorados e ignoradas por completo. El resultado es un déficit de cariño y una profunda soledad que puede marcarles al llegar el futuro.

Maltratadoras: Ya se ha explicado.

Y el quinto modelo, el maltrato psicológico, no supieron catalogarlo. Podríais intentarlo vosotros y vosotras.

 

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